A la edad de 5-6 años mi tia me regaló un pato recién nacido, fué un regalo fantástico. Éste animal adquirió una carga afectiva hacia mí enorme, dónde yo iba el pato me seguía y si me escondía él me llamaba con su sonido animal y hasta que no aparecía no se callaba. Para él yo era su "madre" o su "padre".
Me parecía muy interesante publicar este suceso en mi blog y compartirlo con todos vosotros, ya que hablamos del caracter de impronta en clase y me sentí muy identificado.
Un ejemplo:
Buen ejemplo..
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